El estado de los derechos LGBTI en el mundo en 2026: lo que dicen las cifras, lo que callan y por qué divergen

En resumen: En 2026, ILGA World registra 65 Estados miembros de la ONU que aún criminalizan las relaciones sexuales consentidas entre personas del mismo sexo, 7 Estados donde la pena de muerte está prevista legalmente y 37 Estados, además de Taiwán, que reconocen el matrimonio igualitario. Por su parte, Human Dignity Trust informa de 66 jurisdicciones que criminalizan estas relaciones. Este artículo explica de dónde procede esta diferencia, qué significa concretamente la «criminalización» más allá del número de condenas y qué vías de acción siguen siendo accesibles desde Quebec.

Mujer con blazer azul marino estudiando un gran mapa del mundo expuesto en la pared de una luminosa sala de conferencias
Un mapa mundial de los derechos no se lee como una clasificación: cada cifra se basa en un ámbito de recuento explícito.

Tres cifras para situar 2026

En 2026, 65 Estados miembros de la ONU aún criminalizan las relaciones sexuales consentidas entre personas del mismo sexo, según ILGA World. La misma organización indica que 7 Estados miembros prevén legalmente la pena de muerte para determinados actos sexuales consentidos entre personas del mismo sexo, mientras que el matrimonio igualitario está reconocido en 37 Estados miembros de la ONU, además de Taiwán. Estas cifras ofrecen una instantánea indispensable, pero incompleta: detrás de ellas hay leyes, fronteras, métodos de recuento diferentes y, sobre todo, vidas expuestas al miedo, al chantaje o al exilio.

Existe una fuerte tentación de convertir el mapa mundial de los derechos LGBTI en un balance simple: los países «avanzados» por un lado y los países «atrasados» por otro; los avances por una parte y los retrocesos por otra. Este relato resulta tranquilizador, pero no se sostiene ante los datos de 2026.

La realidad es menos cómoda. El matrimonio igualitario avanza, pero sigue siendo minoritario entre los Estados miembros de la ONU. Las leyes que criminalizan la intimidad entre personas adultas que consienten siguen vigentes en decenas de territorios. Las campañas políticas y legislativas anti-LGBTQ siguen organizándose, especialmente en el continente africano, donde The Guardian documentó en 2026 una oleada de leyes hostiles hacia las personas LGBTQ. E incluso cuando una disposición penal se aplica poco, su mera existencia puede bastar para instaurar un clima de vulnerabilidad duradera.

Para Quebec, este mapa del mundo no es una simple curiosidad internacional. Afecta a las solicitudes de protección, al patrocinio de personas refugiadas (véase nuestra entrevista con un jurista sobre los derechos LGBT en Canadá y otros lugares), a las redes de solidaridad comunitaria y al papel que Canadá pretende desempeñar en los foros multilaterales. La Coalition gaie et lesbienne du Québec, acreditada ante el ECOSOC de las Naciones Unidas, también tiene una responsabilidad de vigilancia: negarse a aceptar eslóganes fáciles y leer las cifras por lo que realmente son.

La cifra de 65: qué mide ILGA World en 2026

ILGA World afirma que, en 2026, 65 Estados miembros de la ONU aún criminalizan las relaciones sexuales consentidas entre personas del mismo sexo. La expresión clave aquí es «Estados miembros de la ONU». No se trata de una precisión administrativa sin consecuencias: es la clave para comprender la cifra.

ILGA World utiliza un ámbito basado en los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas. Por tanto, su recuento no incluye necesariamente todas las entidades territoriales, todas las jurisdicciones autónomas ni todos los territorios cuyo estatus internacional difiere del de un Estado miembro. Cuando la organización escribe 65, no dice que solo 65 marcos jurídicos del mundo criminalicen la intimidad entre personas adultas del mismo sexo. Dice, concretamente, que lo hacen 65 Estados miembros de la ONU.

Esta distinción es esencial porque los mapas mundiales a veces crean la ilusión de un universo político perfectamente homogéneo. Sin embargo, un mapa debe tomar decisiones: ¿qué territorios cuenta? ¿Qué estatus jurídicos tiene en cuenta? ¿Trata por separado las jurisdicciones no soberanas? ¿Se basa en las leyes escritas, en su aplicación, en las decisiones judiciales o en las prácticas administrativas? Ningún mapa responde a todas estas preguntas de la misma manera.

La cifra de ILGA World sigue teniendo, no obstante, un gran peso. Significa que una parte considerable del sistema internacional continúa estructurada por leyes que permiten castigar la intimidad consentida entre personas del mismo sexo. En varios casos, la mera existencia de estas disposiciones coloca a las personas LGBTI en una relación de dependencia frente a las autoridades, los empleadores, los propietarios, la policía, las familias o cualquier otra persona que pueda amenazar con denunciarlas.

Por tanto, la cifra nunca debe interpretarse como una estadística abstracta. Una ley de criminalización no es solo una frase en un código penal. Puede convertirse en un instrumento social. Puede influir en la decisión de acudir o no a un servicio de salud, denunciar una agresión, alquilar una vivienda, conservar un empleo o vivir abiertamente con la persona amada.

ILGA World publica sus mapas y datos actualizados en su sitio web. Para realizar cualquier consulta precisa, especialmente cuando se producen cambios legislativos, la prudencia aconseja remitirse directamente a la cartografía actualizada de la organización: ilga.org/ilga-world-maps/.

Por qué Human Dignity Trust llega a 66 jurisdicciones

Human Dignity Trust ofrece una cifra ligeramente diferente: 66 jurisdicciones aún criminalizan la intimidad consentida entre personas adultas del mismo sexo. A primera vista, la diferencia entre 65 y 66 podría parecer trivial. No lo es. Más bien revela una diferencia metodológica que muchos textos resumen mal o ignoran por completo.

Human Dignity Trust no cuenta estrictamente los Estados miembros de la ONU. La organización cuenta jurisdicciones, un término más amplio que puede incluir territorios no soberanos. Esta diferencia de ámbito explica la discrepancia entre ambas cifras.

En otras palabras, ILGA World y Human Dignity Trust no se contradicen necesariamente. No responden exactamente a la misma pregunta estadística.

OrganizaciónÁmbito del recuentoCifra comunicadaQué abarca la cifra
ILGA WorldEstados miembros de la ONU65Estados miembros que criminalizan las relaciones sexuales consentidas entre personas del mismo sexo
Human Dignity TrustJurisdicciones66Jurisdicciones que criminalizan la intimidad consentida entre personas adultas del mismo sexo, incluidos territorios no soberanos según su ámbito
ILGA WorldEstados miembros de la ONU7Estados donde la pena de muerte está prevista legalmente para determinados actos sexuales consentidos entre personas del mismo sexo
ILGA WorldEstados miembros de la ONU, además de Taiwán en este recuento37 + TaiwánEstados que reconocen el matrimonio igualitario, a los que se añade Taiwán

Una lectura rigurosa de los datos requiere algunos reflejos sencillos:

  • comprobar si la fuente habla de Estados, países, territorios o jurisdicciones;
  • consultar la fecha de actualización, ya que las leyes y las decisiones judiciales pueden cambiar;
  • distinguir entre la existencia de una ley y su aplicación efectiva, sin minimizar por ello el efecto de dicha ley;
  • evitar comparar dos cifras sin comprobar que se basan en el mismo ámbito;
  • consultar el mapa original cuando se busque una respuesta sobre un territorio concreto.

Este rigor es especialmente necesario en los debates públicos. Una diferencia de una unidad puede utilizarse, de manera errónea, para poner en duda una fuente o afirmar que una organización «exagera». En este caso, la discrepancia no indica un error evidente. Se deriva de la diferencia entre el recuento de los Estados miembros de la ONU y el de las jurisdicciones.

El trabajo de Human Dignity Trust sigue estando disponible en su mapa dedicado a la criminalización: humandignitytrust.org/lgbt-the-law/. Su presentación permite seguir la situación jurídica según su propio marco metodológico.

La lección es sencilla, pero cambia la conversación: hay que dejar de preguntar qué cifra es «la correcta» como si solo existiera una, desligada de cualquier método. La mejor pregunta es más bien esta: ¿qué cuenta exactamente cada fuente y qué deja fuera de su ámbito esa elección?

Investigadora comparando dos informes impresos bajo una lámpara de escritorio en una oficina de investigación
La diferencia entre 65 y 66 no refleja una contradicción, sino dos ámbitos de recuento distintos.

La criminalización no se limita a las detenciones ni a las condenas

El término «criminalización» suele entenderse de manera demasiado restrictiva. Inmediatamente se piensa en una detención, un juicio, una condena o una pena de prisión. Estas realidades son graves, pero no abarcan todos los efectos de una ley penal dirigida contra las relaciones entre personas del mismo sexo.

Una ley que rara vez se aplica sigue siendo una ley susceptible de aplicarse. A veces, esta posibilidad basta para modificar el comportamiento de las personas afectadas y de su entorno. Puede servir para el chantaje. Una persona que teme ser denunciada puede dudar en abandonar una relación abusiva, pedir ayuda o acudir a las autoridades tras una agresión. Un propietario puede invocar o aprovechar un clima de criminalización para negar una vivienda o provocar un desalojo. El acceso a la atención médica también puede verse debilitado cuando una persona teme que su orientación sexual, su identidad de género o su vida íntima lleguen a conocerse en un contexto hostil.

No hay que inventar una jerarquía artificial entre las consecuencias «reales» y las consecuencias «simbólicas» de estas leyes. El símbolo jurídico ya es material cuando crea una vulnerabilidad. Una disposición penal puede no ser objeto de procesos judiciales frecuentes y, aun así, producir un efecto social duradero.

También puede favorecer la arbitrariedad. Cuando la intimidad de ciertas personas queda bajo la sospecha del derecho penal, la frontera entre la norma escrita y el abuso de poder se vuelve más frágil. Las personas LGBTI pueden ser percibidas como menos legítimas al reclamar protección, menos creíbles cuando denuncian actos de violencia o más expuestas a presiones destinadas a silenciarlas.

Esta realidad explica por qué no basta con un debate reducido al número anual de detenciones. La ausencia de datos completos sobre la aplicación de una ley no significa que la ley sea inofensiva. A la inversa, una ley derogada no garantiza automáticamente la desaparición de los prejuicios o de la violencia. El derecho no es toda la sociedad, pero envía una señal poderosa sobre el lugar que se concede a determinadas personas en la sociedad.

En el caso de las leyes dirigidas contra la intimidad entre adultos que consienten, el problema de principio permanece intacto: el Estado interviene en la vida privada de personas que no perjudican a nadie. Los efectos pueden multiplicarse en los ámbitos más cotidianos de la existencia: vivienda, salud, trabajo, relaciones familiares, seguridad personal e incluso la posibilidad de imaginar un futuro sin tener que ocultarse.

Siete Estados y la pena de muerte: la prudencia frente a la exageración

ILGA World indica que en 2026, la pena de muerte es una sanción legalmente prevista en 7 Estados miembros de la ONU por determinados actos sexuales consentidos entre personas del mismo sexo. La organización añade que, en otros 5 Estados, no existe una seguridad jurídica completa que permita descartar con certeza la aplicación de la pena de muerte en este contexto.

Son datos de extrema gravedad. Sin embargo, exigen un rigor particular. Los extractos documentales consultados para este artículo no proporcionan la lista nominal de los 7 Estados afectados ni la de los 5 Estados donde persiste la incertidumbre jurídica. Por lo tanto, sería irresponsable nombrar países a partir de recuerdos imprecisos, una lista anticuada o una fuente indirecta.

Para conocer la lista actualizada, hay que consultar el mapa y los datos actualizados de ILGA World. Las leyes, las interpretaciones judiciales y las condiciones de aplicación pueden evolucionar; un artículo serio no debería transformar información sensible en un inventario inmutable.

Esta precaución no debilita la constatación. La refuerza. Cuando se habla de la pena de muerte, la precisión no es un lujo editorial. Es una obligación ética. Un error de país, fecha o estatus jurídico puede alimentar la desinformación, debilitar a las personas ya expuestas y proporcionar argumentos a quienes intentan desacreditar a quienes defienden los derechos humanos.

También hay que distinguir varios niveles de realidad sin confundirlos. Una pena puede estar inscrita en la ley; su alcance exacto puede ser objeto de controversia; su aplicación puede ser incierta; el riesgo concreto puede variar según las instituciones y las circunstancias. Esto no convierte la disposición en un detalle secundario. El hecho de que una pena tan irreversible pueda contemplarse legalmente para actos sexuales consentidos entre personas del mismo sexo sigue siendo incompatible con la propia idea de dignidad humana.

La misma prudencia se impone cuando se habla de las despenalizaciones recientes. El expediente consultado no proporciona una lista de estos cambios. Por lo tanto, hay que resistir la tentación de enumerarlos sin una fuente directa. Quien busque esta información debería consultar los mapas actualizados de ILGA World en lugar de apoyarse en una lista no verificada incluida en un texto general.

El matrimonio igualitario avanza, pero todavía no constituye una norma mundial

ILGA World contabiliza en 2026 37 Estados miembros de la ONU que reconocen el matrimonio igualitario, a los que se añade Taiwán, que no es un Estado miembro de la ONU. Este resultado representa un avance importante para las parejas del mismo sexo y para las familias afectadas. Sería absurdo minimizarlo.

El matrimonio igualitario significa que el Estado reconoce que las parejas del mismo sexo no forman una categoría aparte, tolerada a distancia o confinada a un estatus inferior. Abre el acceso a una institución civil reservada durante mucho tiempo a las parejas heterosexuales. También contribuye a modificar las representaciones sociales, porque afirma públicamente que el amor, el compromiso y la familia no son patrimonio exclusivo de una sola orientación sexual.

Pero 37 Estados miembros de la ONU, incluso sumados a Taiwán, no constituyen una mayoría del mundo. Por lo tanto, el reconocimiento del matrimonio igualitario no puede presentarse como una norma universal ya consolidada. Es un logro real, pero limitado geográfica y políticamente.

Canadá ofrece un punto de comparación útil para el público lector quebequense. El matrimonio entre personas del mismo sexo se legalizó allí a escala federal en 2005 mediante la Ley sobre el matrimonio civil. Quebec había establecido previamente la unión civil en 2002. Nuestro repaso de la historia del matrimonio igualitario en Quebec detalla estas etapas. Estas fechas recuerdan que los avances canadienses son relativamente recientes a escala de una vida humana. No deberían tratarse como un estado natural ni como un progreso irreversible.

Quebec puede estar orgulloso de su trayectoria sin extraer de ella una conclusión automática de superioridad moral. El hecho de haber obtenido derechos aquí no nos exime de comprender hasta qué punto siguen siendo cuestionados o inexistentes en otros lugares. Más bien nos obliga a medir la fragilidad de lo que parece consolidado.

El matrimonio igualitario tampoco es el único indicador de libertad. Una persona puede vivir en un lugar donde se reconoce el matrimonio y sufrir discriminación, hostilidad o exclusión. A la inversa, el hecho de que un Estado no reconozca el matrimonio igualitario no resume necesariamente todas las realidades de sus comunidades LGBTI. Los mapas jurídicos son indispensables, pero no sustituyen los relatos de las personas afectadas ni el análisis de las condiciones sociales.

La actitud adecuada consiste en mantener juntas dos verdades: sí, el número de reconocimientos del matrimonio igualitario demuestra avances considerables; no, este progreso no permite contar la historia mundial como una marcha tranquila y continua hacia la igualdad.

Una oleada anti-LGBTQ en África recuerda que los derechos pueden retroceder

El relato del progreso inevitable es particularmente peligroso porque desarma la vigilancia. En abril de 2026, The Guardian documentó una oleada de leyes anti-LGBTQ en el continente africano. Esta documentación recuerda que los avances en algunos lugares pueden coexistir con ofensivas políticas y legislativas en otros.

La palabra «oleada» merece atención. No se refiere únicamente a la existencia aislada de una ley o de un debate. Sugiere un movimiento, una dinámica de multiplicación o circulación de medidas hostiles hacia las personas LGBTQ. Cuando una dinámica de este tipo toma forma, los derechos se convierten en un terreno de movilización política. Las personas LGBTI pueden entonces ser instrumentalizadas como un blanco conveniente, presentadas como ajenas a la sociedad o como una amenaza que hay que combatir.

El problema no es únicamente jurídico. Una ley anti-LGBTQ puede favorecer un entorno en el que los discursos hostiles ganen legitimidad. Puede fomentar las denuncias, endurecer la censura, aislar a las organizaciones comunitarias o aumentar el miedo a hablar públicamente de la propia vida. Aunque los detalles varíen de un marco legal a otro, la lógica sigue siendo preocupante: convertir la propia existencia de ciertas personas en un problema político.

Hay que resistir dos simplificaciones opuestas. La primera consiste en presentar África como un bloque uniforme. El continente africano no se reduce a una única realidad jurídica, política o social. La segunda consiste en minimizar el alcance de las leyes hostiles en nombre de esa diversidad. Reconocer la pluralidad de los contextos no debe servir para negar la gravedad de la oleada documentada.

La Commonwealth proporciona otro indicador esclarecedor. Según Human Dignity Trust, la criminalización de la intimidad entre personas del mismo sexo persiste en más de la mitad de los países de la Commonwealth. Este dato pone de relieve el peso persistente de historias jurídicas y marcos penales que siguen marcando los derechos LGBTI en varias regiones del mundo.

Sin embargo, sería demasiado fácil atribuir toda la responsabilidad a regiones consideradas lejanas. Los discursos anti-LGBTQ circulan más allá de las fronteras. Las estrategias políticas de estigmatización, los pánicos morales y los ataques contra la autonomía de las personas LGBTI no son fenómenos confinados a un solo continente. Quebec y Canadá no están a salvo de retrocesos, aunque su marco jurídico difiera profundamente del de los Estados que todavía criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo.

Quebec y Canadá: logros reales, pero una responsabilidad que trasciende nuestras fronteras

Quebec instituyó la unión civil en 2002. Posteriormente, Canadá legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo a nivel federal en 2005. Estos logros son importantes. Han cambiado la vida de muchas personas y familias. También han consagrado en el derecho canadiense un principio de igualdad que contrasta marcadamente con la criminalización todavía vigente en 65 Estados miembros de la ONU, según ILGA World.

Pero esta disparidad jurídica no debería alimentar la autocomplacencia. Una sociedad que cuenta con protecciones más amplias también tiene los medios y, por lo tanto, parte de la responsabilidad de apoyar a las personas que huyen de la persecución o viven bajo regímenes hostiles.

El patrocinio de personas refugiadas es una de las vías que suelen mencionarse en Canadá cuando se habla de solidaridad con las personas LGBTI amenazadas. Sin embargo, la documentación facilitada para este artículo no permite detallar los programas, los criterios de admisibilidad, los plazos ni los mecanismos administrativos aplicables. Sería deshonesto afirmar que el acceso al patrocinio es sencillo, automático o garantizado.

Esta limitación no debe servir de excusa para la inacción. Más bien, señala las preguntas que los gobiernos y las organizaciones deben abordar públicamente:

  • ¿las vías de protección disponibles para las personas LGBTI son suficientemente conocidas y realmente accesibles;
  • ¿las organizaciones comunitarias disponen de los recursos necesarios para acompañar a quienes solicitan protección;
  • ¿las políticas canadienses tienen en cuenta los riesgos específicos vinculados con la criminalización, el chantaje y el aislamiento;
  • ¿las personas patrocinadas reciben una acogida adaptada a su seguridad, su salud y su autonomía;
  • ¿Quebec y Canadá consultan adecuadamente a los grupos LGBTI al elaborar sus respuestas humanitarias.

Hablar de responsabilidad no significa hablar en nombre de las comunidades afectadas. La solidaridad internacional no puede reducirse a una postura de salvación en la que Quebec se presente como modelo universal. Debe comenzar por la escucha, el apoyo a las organizaciones de defensa de los derechos humanos y el reconocimiento de que las personas LGBTI no son únicamente víctimas a las que acoger: también son protagonistas de sus propias luchas.

Canadá cuenta con presencia institucional internacional, y la CGLQ posee una acreditación ante el ECOSOC de las Naciones Unidas. Este espacio puede servir para plantear inquietudes, apoyar la documentación de las vulneraciones de los derechos humanos y recordar que la criminalización de las relaciones consentidas entre personas adultas no es una cuestión marginal. Afecta directamente a la dignidad, la seguridad y la igualdad.

Dos mujeres conversando en una oficina comunitaria luminosa de Montreal, con tazas de té sobre la mesa
El patrocinio privado de personas refugiadas sigue siendo uno de los mecanismos concretos de los que dispone la sociedad civil quebequense.

El ECOSOC: un mecanismo multilateral, no una varita mágica

El ECOSOC, el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, ofrece un marco en el que las organizaciones acreditadas pueden participar en determinados procesos internacionales. Para la CGLQ, esta acreditación constituye un mecanismo de presencia y expresión. Por sí sola, no garantiza cambios legislativos en los Estados que todavía criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo. Sin embargo, permite contribuir a la circulación de la información y a la visibilidad de las reivindicaciones.

El multilateralismo suele presentarse con un lenguaje demasiado abstracto. Sin embargo, las instituciones internacionales son importantes porque crean espacios en los que los Estados deben responder por sus posiciones, en los que las organizaciones de la sociedad civil pueden documentar realidades y en los que las vulneraciones de derechos pueden denunciarse públicamente. Seguimos esta evolución a lo largo de los años en nuestro dossier sobre la situación LGBT internacional.

En el contexto de los derechos LGBTI, la acción multilateral puede orientarse, entre otras cosas, a mantener la presión política contra la criminalización, respaldar el acceso a información jurídica fiable e impedir que los retrocesos se normalicen. El trabajo es lento. Se enfrenta a profundas resistencias, a relaciones de poder entre Estados y a ofensivas ideológicas bien organizadas. Esto no es motivo para abandonar este ámbito.

Un enfoque coherente de Quebec y Canadá debería evitar dos trampas. La primera sería dar lecciones sin examinar las limitaciones de nuestras propias instituciones y nuestros propios debates. La segunda sería guardar silencio en nombre de un relativismo que dejaría a las personas LGBTI solas frente a leyes criminalizadoras.

La defensa de los derechos humanos exige mantener una postura más rigurosa: rechazar la imposición de normas penales sobre la intimidad consentida, sin caricaturizar a las sociedades donde existen esas leyes; defender a las personas expuestas, sin pretender hablar en su nombre; apoyar mecanismos internacionales, reconociendo al mismo tiempo sus limitaciones.

Para una organización como la CGLQ, la acreditación ante el ECOSOC ofrece una posibilidad concreta de trasladar inquietudes desde Quebec a espacios internacionales. También puede recordar a los responsables políticos canadienses que la política exterior, los compromisos humanitarios y las posiciones adoptadas en los foros de la ONU tienen consecuencias más allá de los comunicados.

Para las personas que llegan a Quebec procedentes de un país que criminaliza estas relaciones, nuestra guía de recursos de la comunidad LGBTQ+ en Quebec presenta las organizaciones de acogida activas.

Cómo leer un mapa mundial sin caer en falsas simplificaciones

Los mapas de ILGA World y Human Dignity Trust son herramientas valiosas. Hacen visible una realidad que los debates nacionales a veces tienden a olvidar: los derechos LGBTI no son uniformes ni están garantizados a escala mundial. Pero un mapa nunca debe interpretarse como una clasificación moral definitiva de los pueblos.

En primer lugar, hay que mirar la leyenda. La elección de las categorías estructura nuestra comprensión. Un mapa que registra la criminalización responde a una pregunta concreta: ¿dónde penaliza el derecho la intimidad entre personas del mismo sexo? No responde automáticamente a todas las demás preguntas sobre la seguridad, los derechos familiares, la protección contra la discriminación o la situación de las personas trans e intersexuales.

Después, hay que mirar la fecha. El derecho evoluciona, a veces rápidamente y a veces de manera contradictoria. Un mapa es una fotografía, no una profecía. Quienes busquen la información más reciente deberían consultar directamente las fuentes en lugar de confiar en una imagen difundida en las redes sociales.

Por último, hay que desconfiar de las formulaciones demasiado generales. Decir que un territorio «protege» o «persigue» a las personas LGBTI puede describir a veces una tendencia jurídica real, pero estas palabras también pueden ocultar las diferencias entre el texto de la ley, las instituciones, las prácticas locales y las experiencias vividas.

Estas son algunas preguntas que conviene plantearse antes de compartir una cifra o un mapa:

  • ¿La fuente indica claramente el alcance de su recuento?
  • ¿Habla de Estados miembros de la ONU o de jurisdicciones?
  • ¿El dato se refiere a la criminalización, el matrimonio, la pena de muerte u otra cuestión?
  • ¿La fecha de actualización está visible?
  • ¿El mapa permite verificar la información en la fuente?
  • ¿El texto que acompaña a la imagen especifica lo que el mapa no mide?

Esta disciplina puede parecer técnica. Sin embargo, es política. Quienes se oponen a los derechos LGBTI suelen aprovechar las imprecisiones, las listas desactualizadas y las cifras sacadas de contexto para sembrar dudas. Responder con datos sólidos no basta para convencer a todo el mundo, pero es una condición mínima para no permitir que la desinformación fije los términos del debate.

En 2026, la situación mundial presenta, por lo tanto, dos caras. Existen avances jurídicos innegables, entre ellos el reconocimiento del matrimonio igualitario en 37 Estados miembros de la ONU, más Taiwán. Pero 65 Estados miembros de la ONU todavía criminalizan las relaciones sexuales consentidas entre personas del mismo sexo, según ILGA World. Human Dignity Trust contabiliza 66 cuando utiliza el alcance más amplio de las jurisdicciones. Las dos cifras no reflejan una disputa entre especialistas: recuerdan que el método de recuento determina lo que vemos.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos países siguen criminalizando la homosexualidad en 2026?

ILGA World contabiliza 65 Estados miembros de la ONU que criminalizan las relaciones sexuales consentidas entre personas del mismo sexo. Human Dignity Trust, por su parte, informa de 66 jurisdicciones. Las dos organizaciones no se contradicen: no contabilizan las mismas entidades, pues una se basa en los Estados miembros de la ONU y la otra en las jurisdicciones, lo que incluye territorios no soberanos.

¿En cuántos países está prevista la pena de muerte?

Según ILGA World, la pena de muerte está legalmente prevista en 7 Estados miembros de la ONU por actos sexuales consentidos entre personas del mismo sexo. La organización añade que, en otros 5 Estados, no existe plena seguridad jurídica al respecto, lo que significa que su aplicación no puede descartarse con certeza. Las fuentes consultadas para este artículo no proporcionan la lista de dichos Estados: por lo tanto, no la reproducimos y remitimos a los mapas actualizados de ILGA World.

¿Cuántos países reconocen el matrimonio igualitario?

ILGA World contabiliza 37 Estados miembros de la ONU que reconocen el matrimonio igualitario, a los que se suma Taiwán, que no es un Estado miembro de la ONU. En relación con los 193 Estados miembros, esto significa que la mayoría de los países del mundo sigue sin reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo.

¿Una ley que rara vez se aplica sigue siendo un problema?

Sí. Una disposición penal que da lugar a pocas condenas sigue funcionando como una herramienta de chantaje, denegación del acceso a la atención médica, desalojo de la vivienda o despido. También legitima la violencia no estatal al señalar que las personas afectadas quedan fuera de la protección ordinaria de la ley. Por lo tanto, contabilizar las condenas subestima sistemáticamente el efecto real de la criminalización.

¿Qué pueden hacer concretamente Quebec y Canadá?

Existen tres herramientas principales: la acogida y el patrocinio de personas refugiadas debido a su orientación sexual o identidad de género, la acción diplomática multilateral y el apoyo financiero directo a las organizaciones de la sociedad civil en los países afectados. La CGLQ, acreditada ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, interviene en el tercer y el segundo ámbito.